Uno de los post más interesantes de este blog aunque reciba pocos o ningún comentario.
Desde que conocí hace pocos días la historia de este chico gay pienso en él y me entran ganas de llorar.
Me he quedado de piedra al ver algunas similitudes de mi vida y la de Jorge aunque la de él fue mucho más dura y con un final dramático.
Ahora sé que caminos no hay que elegir y lo importante que es el ánimo,pensar en positivo y tirar para adelante.
Muchos medios de comunicación no han dado la publicidad que se merece la vida y obra de este chico gay .
Jorge William Brown González,(Madrid 1970-2003) de madre española y padre inglés, se convirtió en adicto a las drogas con 16 años y murió a los 33 por sobredosis. Pidió a su familia que, cuando él no estuviera, hiciera algo con sus escritos. El resultado es "El silencio hecho palabra" un libro que recoge sus pensamientos, los que dejó escritos en 'El diario pendular' y los que fue desgranando en diferentes momentos de su vida desde los estados más diversos: desde la euforia y las ganas de vivir, desde la desesperación, desde las relaciones amorosas, desde el entorno familiar, desde los centros de desintoxicación por los que pasó y desde el fracaso en la lucha intermitente por vivir.
Su tía Sofía Pereira, encargada de la edición del libro, quiere que el testimonio de Jorge sirva para ayudar a comprender mejor el laberinto vital de quienes se convierten en adictos a las drogas, su dolor, su impotencia. Un relato lejos de las teorías científicas y médicas que tantas páginas han llenado tratando de indagar en la materia y muy cercano a la vida misma, a la primera persona de un sufridor.
Jorge pintaba y escribía para encontrar consuelo, para descubrir su intimidad. Él mismo describió su diario como "un laberinto de enigmas, un amasijo de sentimientos, un barco naufragado en el océano de la profunda tristeza, una búsqueda insaciable de lo desconocido, una ventana que se asoma a la muerte, una sonrisa cubierta de nubes, una lluvia de sinceridad confusa, una demostración real de la más pura de las contradicciones...".
El periodista y escritor Fernando Schwartz, dice así en el prólogo:
'El silencio hecho palabra' es un libro terrible, un largo llanto sin héroes, tras el que la muerte acaba venciendo a la vida. Terrible, sí. Pero lo que lo hace maravilloso es que dentro del dolor desesperanzado palpita un ansia furiosa de vivir, incluso en la derrota. Jorge Brown, un poeta joven que versificaba sin artificio, simplemente por angustia, que se despreciaba por ser incapaz de hacer frente a la droga que terminó matándolo, brilla en este su único libro, tan prematuro y tan inacabado. Un poema doliente, a medio camino entre la impotencia y la esperanza. Una voz desperdiciada cuando apenas había empezado a hablar.
Lo siguiente está extraido de su propio diario:
Reflexiones sobre la niñez:(extracto del capítulo 1 ¨los comienzos¨)
Desde pequeño sentía cómo todo giraba en torno mío, excluyéndome yo mismo de participar en las cosas que los demás hacían, creyendo que debía ausentarme y ser simplemente un observador que juzgara cada movimiento que se producía a mi alrededor.
Yo mismo creé un mundo aparte, sólo mío, donde todo lo que existía eran sueños y utopías. Todo y todos los que me rodeaban hacían y pensaban lo que yo deseaba. Aunque la realidad fuese todo lo contrario, no importaba. Si ocurría algo que no cuadraba con mi gran sueño, yo lo rechazaba y lo enterraba. Al enterrarlo creía que desaparecía, pero ahora, con 25 años, descubro que todos esos cadáveres de ideas inservibles y de acontecimientos reales no están muertos ni enterrados, sino vivos y golpeándome el corazón, pidiendo a gritos a mi alma una salida.
Al crear un mundo aparte, lo único que hacía era apartarme de mí mismo, ya que yo sí quería participar y formar parte, pero el miedo, ante todo el miedo a mostrarme tal como era, me paralizaba y lo transformaba en autosuficiencia y autocompasión por mi incapacidad de abrirme y mostrarme vulnerable.(...)
Era un niño solitario, melancólico, triste, estudioso, responsable, pero ante todo y sobre todo, soñador de fantasmas. Mi mente iba de un lugar a otro, de una persona a otra, sin detenerme a pensar; solamente mirando, observando y eligiendo, como quien elige flores para su jardín y rechaza otras tantas, sencillamente por su color, tamaño o forma. No miraba el contenido ni el interior, porque era incapaz de hacerlo. Sencillamente no podía, y cuando lo hacía, el dolor era tan grande que aprendí una técnica para no dejar que aquello que era tan claro y real me hiriese. Rechazaba, negaba todo lo que simplemente no me agradaba. Escapaba con una habilidad aprendida desde bebé por mí mismo, mi primer impulso creado por mí: la evasión.
Era un buen estudiante y un hijo responsable y ejemplar, pero por dentro era lo opuesto a lo que aparentaba ser. Todo, excepto ese aislamiento que resultaba obvio, y que dio la voz de alarma.
Crecí rápidamente. Con los años leí a Shakespeare y el Antiguo Testamento. Mi cabeza ya buscaba una diferenciación, una forma de hacerme notar, la única forma que tenía de expresar mi joven dolor aún tierno y sereno. Dejé de ser niño demasiado pronto para convertirme en un pequeño cuerpo responsable e incluso coherente, algo que ahora me resulta muy lejano, pues con 27 años no tengo ni un poquito de la madurez que tuve cuando ni siquiera era un adolescente. Muchas veces creo, al pensar en ese niño estudioso, lleno de esfuerzo y carisma, de curiosidad, de oídos y ojos abiertos, con ganas de aprender, que aprendí demasiado de prisa. Muy pronto resultó que la vida empezaba a dolerme.
(…)

Reflexiones sobre la adolescencia:
Con 13 años conocí a mi primer psicólogo. A lo máximo que llegamos fue a que yo veía injusto que mis calificaciones no fueran más altas. Yo me esforzaba como el que más, y sin embargo nunca subía del notable o del bien. Creo que con esa aclaración el problema tenía una solución concreta: hablar con los profesores y descubrir el porqué de esas notas que yo consideraba bajas.
Todo lo demás, lo verdaderamente importante, ese mundo de fantasía que yo mismo había descubierto, toda esa parafernalia que se componía de contradicciones y de heridas abiertas por los problemas que existían entre mis padres, permaneció oculto, libre y en un constante crecimiento que más tarde encontró en el arte su lenta pero segura salida.
Y la evasión fue tomando forma y se instaló en mi vida como algo natural, algo que me pertenecía. Y los días pasaban, los conflictos, los errores, los fracasos, las injusticias, las peleas: un manjar que alimentaba mi ego y mi orgullo y que los hacía crecer, hasta que un día reventaron esperándome la muerte al otro lado del camino.
Empecé a pintar con 14 años. Lo primero que hice fue una cara que mi abuelo paterno me enseñó a dibujar. Mis dos abuelos paternos eran acuarelistas y encuadernadores, y fueron ellos los que me abrieron las puertas de la que se convertiría en mi mayor y más estimulante válvula de escape, junto con las drogas, que llegaron en el mismo momento en el que dos cosas muy importantes en mi vida desaparecían. Una era la separación de mis padres, y la otra, la venta de una casa enorme de campo que era y fue el escenario de los momentos más felices y más amargos de mi infancia.
A esa misma edad comencé a fumar mis primeros cigarrillos. Viéndolo ahora, con la distancia que otorga el tiempo, era una absoluta forma de exteriorizar toda aquella complejidad que se había anidado en mi ser. Después, las primeras borracheras, las pandillas, el sentimiento de formar parte de algo, un algo que suplía lo que ya había perdido. Aquellas borracheras de fin de semana en las cuales yo tenía que ser el que más bebía, el que más aguantaba. Todo eso era el dolor, era la fantasía que sangraba, manchando la realidad de un mundo con el cual no me sentía conforme. Un mundo que aquellos fabulosos y carísimos colegios británicos no me habían enseñado a afrontar.
Ya de muy pequeño me sentía atraído por lo desconocido y por todo aquello que los mayores parecían querer mantener en secreto. Quizás, el rasgo de mi carácter que más pudo influirme para empezar a consumir fue precisamente el de buscar experiencias nuevas y estimulantes que ayudaran a fortalecer mi aparente necesidad de escape y de evasión ante la difícil situación familiar y mi dificultad para relacionarme, siendo el aislamiento un rasgo bastante definido de mi persona.
Empecé a consumir alcohol y hachís con los compañeros de la escuela y con mi hermano. En cierta forma, estas drogas me desinhibían y me ayudaban a formar parte de un grupo y a expresarme de diferentes formas, tanto creativas como de simple relación con otras personas.
En mi adolescencia, el abanico de drogas fue aumentando. Me sentía atraído por personas mayores que yo. Ya de niño, en vez de jugar con los de mi edad, solía escuchar las conversaciones de las personas mayores. Era muy responsable, estudioso, cuidadoso y atento. Tenía dificultades para expresar mi ira, cierta soberbia cuando se me negaba algo y cierto mutismo, así como dificultad para hablar de mis problemas. Una vez encontrada la droga, me fue más sencillo sentirme parte de algo, aunque con el tiempo ese algo se desvaneció como un fantasma.
La evasión ya no sólo era mi contenido, sino que empezó a tomar forma: un porro, LSD, éxtasis, alcohol; cualquier cosa que alterase mi ya diluida percepción, cualquier sustancia que me diera el impulso que yo necesitaba para enfrentarme al entorno artificial en el que yo mismo había elegido desenvolverme. Las drogas fueron las que sustituyeron al miedo, a la frustración, la vergüenza, la injusticia, las amenazas, la inseguridad. Ellas me dieron un nuevo cuerpo y una nueva alma; hicieron desaparecer todo el dolor. Y todos los gritos que dentro de mí estallaban, acallaron con su fuerza a las voces del pasado. Creí haber renacido de nuevo. Todo era una novedad. Todo era aventura y escape. Hasta lo más triste y lo más doloroso se teñía de color. Las drogas coloreaban la foto en blanco y negro de mi pasado, mi presente y mi futuro.
Todo era un error, todo era contradicción y confusión, todo era silencio y autismo. No había manos a las que agarrarse. El cariño se medía con instrumentos. Nada resultaba natural, y el alcohol y el tabaco eran una clara forma de decir, más bien de gritar: ¡quiero que me escuchéis! Pero la voz se amedrentaba, y el silencio hacía acto de presencia.
(…) A los 16 años empecé a fumar cannabis. Cambié de colegio; estaba harto de la educación británica, uniformada y competitiva. Me marché a otro absolutamente opuesto, un lugar donde encontré a personas que también gritaban su necesidad de ser escuchadas; personas alrededor del mundo de las substancias, el mundo de las drogas.

Hacia la heroína:
No puedo evitar reconocer que aquellos años estuvieron repletos de aventuras fantásticas y de rituales que nosotros mismos creábamos en torno a un fuego en la playa. Nos sumergíamos en LSD en la nocturnidad del mar, y descubríamos los ocultos secretos de los océanos.
Eran los años de la desnudez, del amor en cada esquina, de la despreocupación total por las responsabilidades. Todo parecía estar dispuesto para agradarnos. Si no había dinero, salía un personaje que nos mantenía. Si no teníamos techo, otro nos invitaba a su casa. Muchas veces teníamos que entregar nuestros jóvenes cuerpos en pos de lo que para nosotros era el paroxismo de la utópica felicidad.
A medida que iba creciendo, mis rasgos cambiaban. Me divertía con personas que podrían ser mis padres. Me dejé el esplendor del adolescente entre alcohol, bailes, drogas y amores de teatro apasionado, estimulando mis neuronas con cocaína, dejándome arrastrar por otros malheridos que me doblaban la edad. Me sentía venerado, adorado, y ahora puedo comprender por qué un adolescente acorralado por la incomprensible prematura muerte de su infancia, con toda la belleza que tienen los adolescentes, esa belleza que roza la pureza y la lascivia, era carne de cañón en una ciudad llena de vampiros que le hincan los dientes, y al final se rinde para convertirse en uno de ellos. Verdaderamente fui demasiado ingenuo, incluso estúpido.
(…) Es curioso darme cuenta ahora, después de casi diez años, de las profundas huellas que todas aquellas «aventuras» han dejado en mi alma; como pisadas en la húmeda orilla del mar; pisadas que poco a poco han ido borrando las olas de la razón y de la autoestima. ¡Qué inmensa contradicción! ¡Creerse dueño del mundo, para después ver que ha sido el mundo el que se ha adueñado de ti!. (…)
No trascurrió demasiado tiempo hasta que decidí reemprender mi fantástico «Viaje de Ulises». Quería llegar a Grecia, pero acabé en Barcelona. Allí me enamoré del encargado de una de las discotecas en boga. Aquello significaba techo, sexo, drogas, comida, y mucha fiesta.
La relación con Pablo duró cerca de dos años. Estábamos enamorados y, además, él me mantenía mientras yo pintaba y me divertía sin dar un palo al agua. Pablo, a su vez, era el mantenido de un abogado millonario que le concedía todos sus caprichos. Como yo también salía beneficiado de aquella situación, no me quejaba cuando «el señor» requería su presencia para ir a pasar una semana en las Seychelles. Mientras él ejecutaba su trabajo de cortesana, yo salía a divertirme. Conocí a muchas personas en aquella época. Éramos un grupo muy unido, que traficaba con los mejores éxtasis de toda Barcelona. Nuestras fiestas duraban días enteros. Viajábamos a Londres a por éxtasis, que introducíamos en nuestros respectivos recipientes anales. Pasábamos miedo en la aduana, pero nunca nos ocurrió nada. Lo comprábamos a 1000 pts. y lo vendíamos en Barcelona a 6.000, con lo cual, todos los días resultaban una fiesta de amor, de libertad y de inmensas resacas que me llevaron a descubrir el remedio que casi todos estaban utilizando, y del cual nunca nadie, por protección o miedo, me había hablado: la heroína, la perfecta dama vestida de blanco, que hacía desaparecer cualquier pesadez y cualquier resaca de alcohol, coca y pastillas.
(…)
Después de muchos días, empiezo a recuperarme, al menos eso creo. He sentido el frío de todos los hielos y las nieves juntos en lo más profundo de mi alma.
¿Dónde está mi alegría?
Tengo que buscar más luz en los escondites de mi ser, de lo contrario voy a la locura cuando menos me lo espere.
Reflexiones sobre la muerte: (extracto del capítulo 2 ¨Un viaje a ninguna parte¨(1991)
Esto es el final. Hoy hubiera podido cometer el acto final de mi obra, y ni siquiera puedo encontrarte para decírtelo. Mi deseo más ardiente es morir, y no quiero equivocarme, aunque muchas cosas me hacen dudar. Estaría tomando mierda hasta que mi conciencia me abandonara. No sé por qué, pero aún no lo he podido hacer. Lo sigo intentando, y me siguen agarrando de un lado, de otro, y me ahogo en un brebaje que yo mismo he compuesto.
He abandonado la esperanza para arrojarme al pozo, y seguiré en ese pozo tan repleto de agua como de aire. Mis lágrimas son el agua de mi alma, y quisiera gritar, pero no puedo. ¡Abrázame, Dios, con tus manos! Me siento tan solo que rompería el mundo con mis manos. Hoy quisiera existencia abandonarte, aún sabiendo que no puedo. Soy un cuerpo envenenado y un alma que grita libertad. No quiero perderte, pero sí perderme, y todavía no me has llamado, y es por mi propia niñez. Sigo siendo un niño, y cada día con más fuerza.
Seguiré pintando y escribiendo hasta morir. Dejaré de crear el día que muera, y cuando muera, ésa será mi gran obra.
Terrible soledad que se me echa encima. Como una manta me calientas para descubrirme en el momento de la noche en que más frío hace.
¡Ridículo! Ahora ni siquiera puedo seguir llorando. Tampoco dormir, pero sí puedo seguir sintiendo este dolor. Benditas maldecidas drogas. Me habéis hecho creer mis palabras. Me habéis dado una llave que sólo abre las puertas de la indecisión. Indeciso y confuso me aferro a mí mismo, y sigo despertándome cada mañana mordiéndome las pieles. Mierda, mierda, mierda. Mundo de mierda, repleto de sueños. Recoge en el más hermoso de todos ellos esta noche, porque esta noche, en todo el mundo, estoy solo.
Sales a la calle, dejando la sangre en gotas secas sobre los portales oscuros de un Madrid que dejó de ser transparente. Corres con un billete de mil pelas, agarrado a la mano con tal fuerza, que ambos parecen uno. Cruzas la Gran Vía sin mirar. Un coche te atropella golpeando tus caderas. La gravedad se pierde momentáneamente y todo te da vueltas. También te han pegado con saña, y todo por un billete de mil pelas, pero al final lo consigues. La gente grita, y tú corres con el corazón en la boca, y escupiendo la sangre. Corres en busca de una bolsa de caballo, para continuar con un olvido que ya ni siquiera existe.
¡Tanto placer en una gota de sangre!, ¡tanta locura!
Reflexiones sobre la familia:(extracto del capítulo 4 ¨Doloroso regreso(1993)¨
Mi madre, aconsejada por los expertos en el tema, me echó de casa. Decían que así era la única forma de que yo reaccionara y diese el paso decisivo hacia mi recuperación. Ya era un drogadicto, y ya tenía la casilla de los marginales ocupada.
La calle era mi nuevo hogar. Al principio, mis padres me pagaban una pensión de mala muerte en la calle Fuencarral, y alguna vez quedaban conmigo para verme. Y yo estaba cada día peor, delgado como una silueta sombría. ¡Les partí el corazón tantas veces! Empecé a prostituirme. La droga aún no había devastado por completo la belleza de los 22 años, y muchos hombres pagaban por hacer lo que fuese menester. La verdad es que tuve suerte, pues conocí a Marcos, quien se enamoró perdidamente de mí, y me mantuvo durante varios meses. Me fui a vivir con él. Marcos era una de esas personas ingenuas y llenas de bondad, con un enorme deseo de amar y de sentirse amado. Yo no le amaba, pero le escuchaba, y soportaba con paciencia sus necesidades sexuales de violencia. Marcos era gordo como una cantimplora llena de whisky. Al terminar, pedía ternura. Me abrazaba a esa bola de sebo, soledad y alcohol: una bola repleta también de generosidad y bondad.
Mantenía en secreto mi adicción a la heroína. Marcos no sabía nada, y yo me encargaba cuidadosamente de no ser nunca descubierto. Debido a la cantidad de dinero de la que disponía, empecé a mezclar el caballo con la coca, y mi cabeza entonces dio un giro de 180 grados hacia la más absoluta de las nadas. Apenas me quedaba una vena dócil y manejable. Todas se fueron quemando, y llegué a destrozarme los brazos, buscando desesperadamente una vía para introducir mi más primordial necesidad.
No tardó mucho en descubrir la verdad. Una mañana, llegó del trabajo por sorpresa, y me descubrió en pleno acto, junto a mis insulinas y mis bolsas. Sólo dijo: «recoge tus cosas y vete. No quiero verte cuando regrese. Toma diez mil pesetas, y búscate otro sitio. ¡Me has defraudado!».
(…)
Al abandonar su casa, estaba verdaderamente rendido ante la evidencia de mi más absoluta incapacidad para vivir. Sentía más cerca la muerte, y notaba cómo mi vida estaba perdiendo todo sentido. Me miré al espejo, y como un vampiro, no vi ningún reflejo.
Decidí llamar a casa. Estaba dispuesto a ingresarme donde fuera necesario. Las puertas de mi casa se me volvieron a abrir, pero, antes, yo me había encargado de comprar la suficiente heroína, hasta que llegara el momento de partir. Rápidamente, mi padre dio con un centro en Marbella, y a la mañana siguiente, medio adormecido, fui introducido en su coche. Las bolsas de heroína, escondidas en el bolsillo. Mi hermano mayor conducía. Mi padre de copiloto, y yo, el semi-cadáver, que era la carga destinada a un lugar que desconocía, un lugar que resultó ser una clínica con todo lujo de detalles. Allí me dejaron. Fui registrado, y me quitaron la droga que guardaba en mis bolsillos. Aquella situación me produjo un inmenso desgarro. Era como arrancar de golpe a la cría de una perra que se está alimentando de su madre, para después golpearle la cabeza contra una roca hasta matarla. Así me sentí yo en aquel momento, que recuerdo con una precisión que aún hoy me atormenta en mis pesadillas.
El mono pasó despacio. La medicación no era una bomba, y el sufrimiento del cuerpo y del espíritu no podía ser mitigado por completo con ninguna medicina. Pasé cerca de un mes y medio sin dormir, y tardé dos meses en volver a reír y a sentir mi cuerpo con vida.
Allí hablábamos con los terapeutas acerca de todos nuestros problemas. Ellos provocaban una catarsis, y en medio de un idílico jardín con piscina, los días y los meses pasaban, mientras los padres desembolsaban cantidades innombrables.
(…)
Agradezco a mi madre su amor sincero y desinteresado. Sus palabras, una vez más, me ayudaron a entender cuál es mi destino.
Hablé con mi padre. Es un gran hombre, pero el sentimiento de frialdad que me transmite algunas veces me hace comerme el coco obsesivamente. Hoy no me sentí tan mal al respecto, pues no me afectó demasiado. Pude frenar mi obsesión, cuando en otras ocasiones me era imposible.
(…) No sé expresar mis sentimientos en esta casa. Cualquiera enfermaría aquí dentro, y yo soy el más enfermo porque soy al que más han jodido en el seno de esta familia. Pero ahora soy mayor. Mis hermanos ya no pueden obligarme a su antojo. Soy libre en ese aspecto, pero mis padres siguen atándome. Puede parecer una excusa para anestesiarme, pues sé que soy responsable de mí mismo, pero mi dependencia hacia ellos es tanto económica como emocional. Su matrimonio me afecta. Esta sensación de falsedad, de ridículo, ¡no tiene sentido toda esta farsa! El amor es un beso, una caricia, un abrazo; y eso no se ve con naturalidad: es forzado, obligado, desesperado.
Cuando uno se siente cariñoso, cualquier palabra aplasta esa hermosa flor de amor que todos llevamos dentro. Pero aquí no se puede mostrar, y ya no es porque seamos enfermos, sino porque YO SOY EL ENFERMO, EL DROGADICTO, la oveja negra, y me habéis colocado la etiqueta, condenándome mientras siga a vuestro lado a una constante batalla que seguro algún día perderé, y entonces os daréis cuenta de que yo sólo quise ser como un pájaro, sin ataduras y sin pasado.
El fracaso de la desintoxicación:(extracto del capítulo 4¨Doloroso regreso¨(1993)
Dios, yo sé que tú estás aquí y nos vigilas, y cuando nos cansamos, tú nos llevas en tus brazos. Dame la fuerza para seguir luchando. Dame la vida para seguir amando.
Me estoy engañando y no voy a tardar mucho en perder todo lo que ya he perdido tantas veces. Creo escuchar, pero en realidad no escucho. Intento actuar, pero no actúo.
Sigo pensando que no he sufrido lo bastante, que soy un protegido de mi familia, que no avanzaré si no me alejo de ellos. Veo todo el amor que sienten por mí, pero me hacen sentir inútil, y necesito recuperarme a mí mismo. Me siento constantemente vigilado y juzgado. No puedo ahuyentar el miedo de decir la verdad. Estoy sufriendo, y me estoy perdiendo de nuevo. Me estoy encerrando en mí mismo, y aunque soy consciente de la realidad, mis fuerzas se han agotado. El río sigue corriendo salvaje. No hay forma de pararlo. Me estoy ahogando.
Después de siete meses, llegó el día de la graduación. Toda mi familia vino para celebrar el maravilloso acontecimiento de mi curación. Aquello parecía enteramente una película americana sensiblera. Mi madre llorando, mientras yo leía una carta de perdones y promesas. Su hijo está curado. Ahora debe asistir a las reuniones y alejarse de personas y lugares peligros. Pueden ustedes pasar por caja. Muchas gracias-, y nada, ¡adelante! One day at a time.
Y así, después de pagar y ver el gesto de felicidad de mis padres, transformado en el gesto de alguien que acaba de ser atracado a punta de pistola, nos marchamos. No tardé ni dos días en localizar al camello de la zona. ¡Millones desperdiciados! Fue tal el palo, que mis padres se quedaron con una venda en los ojos. Se marcharon, dejándome allí, con un apartamento y un dinero mensual para así poder continuar asistiendo a las reuniones del post-tratamiento. No llegué ni a asistir a dos de ellas. Ya estaba otra vez liado; de nuevo la mentira, la manipulación, la desesperación, la soledad, y la falsedad mediocre de una existencia por y para un solo objetivo: huir. Y esta vez era aún más doloroso, pues había tenido entre mis manos el control de mi voluntad por un largo periodo de tiempo. Vivía en un pequeño apartamento donde la mierda se iba amontonando día tras día. Vendí la moto que me habían comprado, y continué hundiéndome.
Foto de Jorge Brown unos dias antes de morir (a pesar de todo seguía conservando la belleza física):

El mismo libro con diferentes portadas que se puede comprar por ejemplo en FNAC:






19 valientes han compartido flujos (comentarios):
Querido Rodrigo, no te desesperes por la falta de comentarios. A veces el que una entrada sea compleja, rica, fascinante, produce ese mismo silencio respetuoso en el lector. En estos tiempos en los que se escribe buscando la respuesta facilona es difícil que si algo tiene calado intelectual reciba comentarios mediocres. En cualquier caso, sobre esta entrada voy a escribir en breve en mi Divario. Así que allí verás la respuesta.
Y no seas tan impaciente e inconstante. No puedes pasrate la vida anunciando que vas a cerrar el blog y esperar un seguimiento. ¿Lo habías pensado?
De todas formas, eres muy querido y apreciado y tus pensamientos son verdaderamente tonificantes.
Tengo que leer este post con más tranquilidad... tiene tantas cosas...
Besos.
Querida Shangay: algunas personas sólo entran al blog para coger las fotos de los chicos guapos,pero no me desespero...
Pensé en dejar de escribir durante unos días por ese silencio respetuoso hacia la vida y la obra de Jorge Brown pero esa impaciencia mía me ha hecho seguir escribiendo otras entradas más frívolas como la de hoy sobre la moda.
Me alegra que escribas en tu diario sobre Jorge,un libro y una vida como la de él se lo merecen;yo lo descubrí por casualidad en un pequeño reportaje de televisión hace pocos días donde su tía hablaba de él y pronto empezaré a leerme el libro.
Es una historia muy triste,pero pienso que se puede aprender mucho de él y es muy interesante conocer la autobiografía de un chico tan sensible que a lo mejor nos lo encontramos alguna vez andando por la calle en Madrid y no nos acordamos.
Sabiendo lo que le pasó me hubiera gustado conocerle,ayudarle,pero a veces la droga es más fuerte que todo lo demás.
Espero ver la respuesta en tu Divario,besos y gracias
Tatojimi:te aconsejo que te compres el libro¨El silencio hecho palabra¨
Besos
Verdaderamente es una historia tristísima y triste también es el que alguna gente se quede sólo con su desgraciada condición de drogadicto y el morbo de su suicidio, sin aprender nada de lo que cuenta, sin reflexionar sobre las causas, etc. etc.
Me lo he apuntado como libro pendiente de leer y presiento que, al igual que tú, me afectará. Pero sé que recibiré una lección como pocos escritores tan excelsos, cultos y retóricamente perfectos podrán darme.
Un abrazo
JL
Juan Luís:me gusta este libro porque es una autobiografía y sólo Jorge lo escribió y aunque otras personas quisieran manipular la historia no pueden.
Como dices tú se puede aprender del libro y hay que apreciar otras cosas que nos cuenta y no centrarnos sólo en que era drogadicto.
Sé que me voy a deprimir un poco cuando lo lea pero merece la pena.
Un abrazo
Rodrigo.
Primero darte las gracias.
Es precioso sentir como las palabras de Jorge llegan a corazones impacientes, llegan a mundos diversos. Eso significa que sigue vivo. Y ese es un deseo, que sus familiares, sobre todo su tía, quieren por encima de todo.
Lo maravilloso, es que gracias a su experiencia muchas personas podrán encontrar una luz.
Jorge quería amor, quería sentir, quería ser libre. Una libertad truncada por un ambiente familiar adverso, por palabras duras, por la incomprensión ante la diferencia... Jorge quería ser amado, y sobre todo, amar.
¿Qué hacer con tanto amor?
La vida comienza desde el intento. Y en cada intento, el amor se hacía batalla perdida. Y eso era demasiado complejo.
La droga es evitación, es huir de la vergüenza, del desengaño con la vida... es un asco, una puta mierda, un terrible error del que se puede salir.
Ójala Jorge pueda oirnos.
Ójala Jorge, el día de su exposición, sienta que lo que nos cuenta a través de sus cuadros, se haga presente en nuestra alma.
Seguir adelante, y seguir en pie.
La repuesta está en el intento.
Roel:gracias a ti por este comentario,me gusta mucho lo que has escrito.
Saludos
Hola de nuevo Rodrigo:
Yo también quiero estar en tu preciosa página dedicada a Jorge. Está claro que has puesto mucho amor y arte en ella. De hecho, es gracias a ti que ahora mismo Jorge empieza a ser conocido por mucha gente.
Me encantará verte el sábado en la exposición.
Suscribo al cien por cien el comentario que te hace Roel. Es impresionante y maravilloso. Roel es un ser muy excepcional al que he tenido la gran fortuna de conocer hace poco y, sin embargo, dal que ya siento como alguien muy cercano, como si toda la vida hubiese estado en mi vida.
Vivir la vida haciendo de ella nuestra mejor obra de arte es sin duda el gran reto.
Un abrazo anticipado.
Sofía Pereira
Sofía:me gustó mucho ver las pinturas de Jorge,unos colores preciosos,un artista incomprendido por muchos.
Cuando escribí el post dedicado a Jorge no había leído todavía el libro ¨El silencio hecho palabra¨ y por tanto me faltaba información,pero ahora que lo he terminado de leer me ha extrañado el protagonismo que se le da a Dios y a Paola.
La religión católica atormentó a Jorge toda su vida y la no aceptación de su homosexualidad le llevó a tener alguna relación heterosexual como tapadera de cara a la sociedad homófoba.Jorge escribe en el libro:
¨...yo soy homosexual.Aqui empieza a complicarse todo,pues durante el mejor y peor período de mi existencia,fue cuando conocí a Paola,la mujer que rompió todos mis esquemas,y que me hizo dudar seriamente sobre mis problemas de alcoba.
Decidí entonces considerarme abiertamente bisexual¨
o sea se obligó a ser bisexual aunque realmente era homosexual.
Sinceramente pienso que en el libro no aparecen todos los escritos de Jorge.
La relación homosexual que tuvo con Francisco apenas se describe y la de Richard es dramática.
Yo soy gay y no he sufrido más que un heterosexual,incluso he disfrutado más y soy más feliz que muchos heterosexuales.
De todas maneras es interesante saber qué pensaba y qué sentía Jorge en algunos momentos de su vida.
Luchemos contra la droga,la homofobia y la educación ultra católica.
Y con esto doy por finalizada mi opinión hacia la vida de Jorge porque los muertos deben de descansar en paz.
Querido Rodrigo:
Me gustó mucho conocerte y me parecieron muy interesantes tus puntos de vista sobre el comportamiento homosexual, en el sentido de no crear ghettos ni diferencias con los heterosexuales. Mostrarnos simplemente como seres humanos, como personas, y no distinguirnos por nuestra sexualidad.
Claro, que eso puede ser fácil para los que estamos del lado considerado "normal". Es muy comprensible que haya odios, rencores y necesidades de juntarse en grupos para defenderse de tanto ataque, de tanta discriminación y rechazo social.
Te agradezco, en nombre de Jorge, lo que dices de su pintura, de su arte. Me encantaría poder hacer más exposiciones con toda la obra que aún falta por mostrar.
Jorge escribió largo y tendido y, por raro que te parezca, yo no he encontrado muchos mas datos sobre su relación con Francisco, y te aseguro que me hubiese gustado y lo habría puesto en el libro, porque jamás he querido tapar la homosexualidad de mi sobrino. Bien al contrario. Defender su opción sexual me ha costado más de un grave disgusto con personas de su entorno que no quieren publicitar este tema.
Tuvo un amor al final de su vida, un chico portugués llamado Miguel, del que no cuenta absolutamente nada en sus diarios. Pudiera ser que temía hacerlo, que él mismo no aceptaba plenamente su homosexualidad debido a esa formación católica de la que hablas. De hecho, él seguía debatiendo dentro de sí el conflicto pecado, aceptación divina, humana...
Yo pienso como tú que la religión católica no nos ha hecho ningún bien, sino todo lo contrario. Es la gran protagonista de muchas guerras, inquisiciones y separaciones, divisiones entre los seres humanos y desgarros maniqueístas sobre el bien y el mal.
Estoy contigo: defendamos la libertad del ser humano. Cada hombre ha de ser él mismo. Esa es su meta y su única responsabilidad: respetarse y llegar a ser quien realmente es.
Un abrazo amigo Rodrigo.
Sofía Pereira
vi en cuatro este finde un reportaje sobre jorge brown,y aún estoy impresionada,cuanta sensibilidad,belleza y dolor...,me siento identificada en muchas cosas,ojalá se haga mas conocida su figura y su obra..podremos aprender muchas cosas,un saludo a todos,especialmente a su familia,bso
vi en cuatro este finde un reportaje sobre jorge brown,y aún estoy impresionada,cuanta sensibilidad,belleza y dolor...,me siento identificada en muchas cosas,ojalá se haga mas conocida su figura y su obra..podremos aprender muchas cosas,un saludo a todos,especialmente a su familia,bso
Gracias, Lavioleta. Espero que disfrutes también de su libro. Me emociona que podáis amar a Jorge, identificaros con él y rescatarle de su silencio.
Sofía Pereira
disculpad mi lapsus...me podeis informar de si sigue la exposicion de jorge?y donde era?y reactivo q seguimos admirandole,un beso¡¡
Yo desde aca de Puerto Rico acabo de leer el libro para un trabajo de drogadiccion. Debo decir que es un libro fasinante aunque tragico y triste. Y cuando lees el final sientes que lo conocistes y es una gran tristeza.
Es un libro con muchos sentimientos y es una lastima que una persona con tantas ansias de vivir no logro vencer su adiccion.
Jorge Brown no era un chico GAY, ERA BISEXUAL.
yo tambien le descubrí a través del reportaje que hicieron, y fué commovedor. me encantó. ahora solo espero comprarme el libro y poder leer lo que él con tanto cariño escribió. .
Hoy me he conectado a la red y he sentido la necesidad de ponerle rostro a Jorge Williams Brown Gonzalez, protagonista de una vida sin vida, como bien se puede comprobar, en "El silencio hecho palabra". Es realmente aterrador saber que lo que estás leyendo no es ficción, sino la más pura realidad, como un chico con tanto talento, con tantas oportunidades, no sabíá como darle sentido a su existencia por más que lo intentara.
No puedo leer más de dos capitulos seguidos sin tomarme una pausa y desconectar, en ocasiones es muy duro seguir leyendo, la impotencia se adueña de mi sabiendo que ya es tarde para hacer nada.
Solo espero que sus escritos, su "Diario pendular" y su pintura ayuda a tantos otros que como él no saben cual es su papel en el mundo.
Felicidades por el blog.
José Eduardo Marrero de Armas
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